3 de noviembre de 2010

RÚCULA

Me tiré toda la noche soñando que hacía la maleta y perdía el tren de las cuatro. Así que cuando me levanté, hice la maleta y cogí el primer tren que salía a las cuatro. Ni idea del destino. Al ver el gorro del bebé con el que compartía vagón, convine que me apetecía viajar al Tirol.

Nunca me ha terminado de convencer la rúcula. Además de tener un nombre absurdo, sabe amargo. Todo el mundo sabe que la rúcula sabe amargo. A la madre del bebé del gorro con borlas, debía encantarle la rúcula. Porque no se perdió ni un segundo del rato que tardé en sacarme un trozo de entre los dientes. Encima esa mierda se queda entre los dientes. Espero que en el Tirol no coman rúcula.

Si improvisé esta mañana, tomé el primer tren que salía a las cuatro y me terminé obedientemente el puto sandwich de rúcula es porque uno espera que después de tanto sacrificio la vida le devuelva una aventura fascinante. No sé, qué menos que conocer al hombre de tu vida en el vagón-restaurante. Los sueños son decepcionantes. Por eso cuando me desperté, hice la maleta y tomé el primer tren que salía a las cuatro.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

lA Rucula ya me gustaba poco, ahora me gusta menos